Lecturas reflexivas para ser buenos padres

Ten presente esos 8 minutos

Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que le decía: entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal.

La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar ansiosamente todo lo que podía en su delantal.

La voz misteriosa habló nuevamente.

"Tienes solo ocho minutos"

Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró. Entonces recordó que el niño quedó allá y la puerta estaba cerrada para siempre.

La riqueza duró poco y la desesperación siempre.

Lo mismo ocurre con muchos padres. Dejan de lado a los hijos por conseguir toda la fortuna, mientras los hijos toman el camino equivocado. El tesoro obtenido no servirá de muchos para remediarlo.

Una lección de amor

Hace ya un tiempo, un hombre castigó a su pequeña niña de 3 años, por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado.

El dinero era escaso en esos días, por lo que explotó en furia, cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de navidad. Sin embargo, la niña le llevó el regalo a su padre a la mañana siguiente y dijo: ─"Esto es para ti, papito". Él se sintió avergonzado de su reacción de furia. Pero éste volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía. Le volvió a gritar diciendo: ─"¿Que no sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro?. La pequeñita lo miró hacia arriba con lagrimas en lo ojos y dijo: ─"Oh, papito, no está vacía, yo soplé besos dentro de la caja, todos para ti, papito.

El Padre se sintió morir; puso sus brazos alrededor de su niña y le suplicó que lo perdonara. Se ha dicho que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.

Valoremos el amor de los hijos, por encima de lo material.