CUENTO DE AMOR - DADIYA

Cuento de amor escrito por el Profesor Hermógenes Rojas Sulca. DADIYA

Este gallo de la casa, puntual como siempre. Cinco de la mañana. ¡Y qué amanecer el que se anuncia! Ha llovido por la noche y está puro de azul el cielo de mi tierra. Hoy reinará el rocío en las hojas y en los pétalos.

Pero, ¿por qué he soñado algo tan especial y despertado más temprano que de costumbre?... Me viene el presentimiento de que esta mañana de marzo va a ser una de mis grandes mañanas.

¡Claro! Hace tres días... los quince años de la dueña de mis sueños. Saliendo está de su casa. Cierra la puerta. Mira a todos lados. Nadie camina aún. Parte con dirección al norte. Solita. ¿A dónde va? ¿Será a la Pampa?... ¡Eso es! ¡¡A la Pampa!!

Bien. Yo la seguiré, despacio, silenciosamente, ni de muy cerca que me sorprenda y la defraude, ni de tan lejos que no pueda verla.

¡Qué hermosa mi Dulce Abanquina de Intimpa y Albor!

Y ahí está, en su mañana ideal, cual reina solitaria sobre la Pampa de Amancaes.

Con los pies descubiertos retoza entre las flores multicolores, semejando una bailarina de los tiempos clásicos. (De ser yo el grato pasto por donde ella pasa, besaría gustoso la planta de sus pies.)

Yo, cautelosamente dichoso, la contemplo desde este viejo sauce que cuida la Pampa.

Ahora camina de espaldas al sol. Se encuentra con su sombra y sonríe. Acaricia las tiernas flores bañadas de rocío. (Esas manos inofensivas de soberana me darán en secreto las más tiernas caricias mañana.)

Mi Dulce Abanquina de Intimpa y Albor, segura de estar solita, solitita, vuelve a juguetear en la Pampa lozana.

Conmigo colegialita, serás feliz para siempre; corre, dile a tu mamita que nos vamos en diciembre.

¡Oh!, veo que en su pecho inocente se ha posado una abejita, de las obreras. ¡Se equivocó de flor la pobre! Pero la dueña de mis sueños ahuyenta piadosamente a la intrusa. ¡Es que el néctar de su cuerpo alimentará por siempre mi vida!

Mi emoción amenaza con delatarme. (Déjame saltar de aquí, árbol añejo! ¡Quiero gritar! ¡Correr! Abrazar. Pero, no. Todavía no. Recién ha cumplido mi ángel quince años, y yo tengo apenas un enero más que ella. “Que madure la fruta del frutal”, pareces aconsejarme, sauce bueno.)

Y terminó la Fiesta: cada mariposa a su flor, cada flor con su mariposa. Mi Dadiya calza los botines que se quitó entrando a la Pampa y emprende el retorno, feliz de haber cumplido su antiguo sueño de niña. (Nadie la ha visto; ¡ella lo sabe!) Y, corriendo, corriendo, por el camino de vuelta entre los retamales, se lleva consigo el encanto de la mañana.

Yo, la seguiré, otra vez, despacito, silenciosamente, ni de tan cerca que me sorprenda y la defraude, ni de muy lejos que no pueda verla. (Esta mañana de marzo ha sido la más grande de todas mis mañanas).

— ¡Adiós, viejo sauce! No digas a nadie lo que has visto hoy.

— ¡Adiós, querido lector! No cuentes a nadie lo que has leído hoy.

DADIYA: Dulce Abanquina De Intimpa Y Albor.

(P.D)

− ABANQUINA: gentilicio de Abancay – Apurímac – Perú

− INTIMPA: podocarpus, árbol conífero. Bosque natural del Satuario Nacional del Ampay (Apurímac)

− AMANCAY: flores de color blanca nativas de Abancay – Apurímac